“Soñé que cantaba. Cantaba como
alguien que encuentra su propia voz
en la noche”(Alejandra Pizarnik)
Qué habría hecho yo por haberte oído, por coincidir en alguna calle y ayudarte a arrastrar tu sombra, habría acariciado tu cuerpo blanco en cualquier barcito lleno de humo, buscando trozos de nosotras, porque eso somos: pedazos de nada perdiéndonos y huyendo en la noche.
Las cosas tienen bordes dentados, tratamos de no involucrarnos, no esperamos ni un céntimo de nadie y sin embargo nos desarmamos con cada promesa no cumplida, con cada amor que prefiere vivir en los andenes. Besamos otros labios porque buscamos el sabor de otra persona, y nos sentimos ajenas en los brazos de una extraña.
Te cuento, Alejandra, esta noche te leo y mis senos te buscan. Aun me atrevo a amar, dices. Y cantamos borrachas, alumbradas por los ecos de las piedras. He querido iluminarme a la luz de mi falta de luz, y te beso, te beso bajo las sábanas, a oscuras, ocultándonos de todo el mundo, alguien nos busca allá afuera y solo somos reflejos de los espejos que tanto amaste, los que te violaron infinidades de veces golpeando tu carne con su filo. Pero les debo mucho. Te preñaron de palabras y son ellas las que hoy tocan mi puerta, como hijas huérfanas pidiendo refugio en el umbral de mi casa, su madre ha partido, nos ha dejado solas frente al mundo.
Me dejaste sola y no sé cuánto tiempo aguante la vida. Créeme que cada día he pensado en la mejor manera de ir a tu encuentro, y esta noche, por fin, todo está en calma, pues hallé la forma: después sólo quedarán palabras sobre palabras. Sentimiento de lo provisorio. Escribo rápido y mirando el reloj. Tengo miedo de no tener tiempo. ¿Cuánto tiempo estaré viva aún? Leo con urgencia. Corro. Hacia dónde correr. Hay alguien esperando para asesinarme.
[de Biografema.]

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